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Olivo, Aceite, Oliva. Hornachuelos

Prólogo

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Es un honor que Don Antonio Ortega Serrano, caballero de buenas letras y de gran corazón, me pidiera trazar unas líneas de presentación para este nuevo libro suyo, El Olivo, su origen y nuestro Aceite de Oliva. Hornachuelos, en cuyo título ya aparecen en mayúsculas las cuatro palabras que son la enjundia de esta notable publicación: Olivo, Aceite, Oliva. Hornachuelos, y las cuatro me interesan por sí mismas (más adelante lo comentaré) y por la forma de plantearlas su autor, que las aborda a partir de dos considerables experiencias y evidentes devociones: -1º) haber nacido en la villa de Hornachuelos (“ese Edén se encuentra en la Villa de Hornachuelos”, ha escrito Don Antonio en alguna ocasión),

-y 2º) haber estado -según deduzco al leer este libro- muy en contacto vital con ese otro “Edén” que es el olivo.

Además, decir ‘Hornachuelos’ es, entre otras cosas, decir ‘Olivo’, secular alianza que este libro comprueba nada más comenzar (págs. 7-14). Un libro así, que es estudio y es sentimiento, atrae enseguida al lector y con intensidad le transmite la emoción con que se ha escrito, emoción que procede de sus dos raíces, juntas: la tierra natal y la tierra feraz.

El contenido es un testimonio muy bien cumplido sobre sus propuestos temas, que, tras los preliminares, tiene dos ejes principales: el histórico y el técnico. Su parte histórica recorre, en sucesivos epígrafes, los orígenes del olivo, la iniciación de su cultivo, el olivo entre el Mito y la Leyenda, el legado fenicio, la olivicultura en la época romana: la Bética, tierra de olivos y aceite, las excelencias del aceite en la Bética, el olivo y el aceite en la España árabe, el olivo en la Edad Moderna: expansión y crisis, la gran expansión del siglo XIX, y, a continuación la segunda parte, con una manera ingeniosa para contarnos el autor lo que ocurre en nuestra época: “el proceso más importante que usan los olivareros actuales para conseguir un magnífico aceite de oliva virgen: la recolección manual y tradicional de la aceituna”, manifestando al respecto su sabiduría, su experiencia y recuerdos, sus reflexiones, acumulando una Memoria olivarera, sensata y valiosísima.

Y lleguemos al nombre de Hornachuelos. “Entre Sevilla y Córdoba las investigaciones han encontrado alrededor de 60 hornos en la margen izquierda del río y sólo 14 en la derecha” (p. 37 de este libro). Sí, el topónimo está relacionado con ‘horno’ (latín furnus) y con su próxima voz ‘hornacho’ (latín fornax; Dicc. RAE, 23ª ed.: “Agujero o concavidad que se hace en las montañas o cerros donde se cavan algunos minerales o tierras…”), y ‘hornaza’ (id.: “Horno pequeño que usan los plateros y fundidores de metales”), y su diminutivo ‘hornachuela’ (id.: ‘especie de covacha o choza’, y en su conjunto diseñando un significado relacionado con cavidades o espacios abovedados, fueran excavadas o de obra, para extracción o/y para calentar o cocer (recordemos que fornax se especificaba a veces, según su uso, como fornax balinei, fornax aeraria, fornax calcaría, etc. (horno o caldera de un baño o termas/forja/horno/horno de cal…). Lo interesante es que esta denominación latina, por la misma fuerza de su designación característica aplicada al lugar de Hornachuelos, hasta llegar tal cual a nuestros días, se mantuvo transcrita al árabe durante el período de al-Andalus, y así, en grafía árabe فرنجولش (Furnayūluš o Furnayuwiluš) aparece en la “Descripción geográfica” (Nuzhat al-muštāq) de al-Idrīsī (s. XII), que la menciona con categoría de ‘ciudad’ (madīna) en el camino Sevilla-Córdoba; también da otras pistas sobre la importancia del enclave al citar sus minas de oro y plata, dato muy conocido y comentado.

Si, por mi condición de arabista, este enclave de Hornachuelos documentado en al-Andalus, me interesa, y me interesa también todo lo que representó el olivo en la vida andalusí, hasta tal punto que su más conspicuo producto comestible, el aceite, lleva etimología árabe, como también la tienen significativas palabras relacionadas con su cultivo y producción. Pero no se trata sólo de la historia… sino de lo mucho que, en tantos tiempos y lugares, el olivo significa, y con todo respeto me acerqué a su universo (historia, cultura, economía, literatura, medicina, cosmética, folklore, gastronomía…) cuando formé parte del Comisariado Científico de la Exposición "Tierras del olivo" (Jaén, Úbeda, Baeza y Baena, diciembre 2007- abril 2008). Inolvidable experiencia… el olivo…

Por todo lo que hasta aquí he dicho, este admirable libro de Ortega Serrano no puede resultarme indiferente, y lo encuentro muy estimable, como también me gustan y asimismo recomiendo las otras publicaciones suyas que hasta ahora he leído: La Mezquita paso a paso y los -no menos- entrañablemente humanos Paseos por Sierra Morena.

Este libro de Don Antonio Ortega Serrano ofrece expresivas ilustraciones y apoya sus contenidos en amplias y selectivas lecturas, recogida al final en varias páginas de “bibliografía consultada”. Leyéndolo, he vuelto a pensar que escribir sobre la propia tierra, sus cosas y sus gentes es una de las más nobles tareas del oficio histórico, como él sabe y lo cumple, pues, entre muchas otras dedicaciones culturales, ejerce como Cronista Oficial de la Villa de Hornachuelos.


MARÍA JESÚS VIGUERA MOLINS

Catedrática Universidad Complutense

Correspondiente de la Real Academia de Córdoba


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Todos los fieles de la Reina de los Ángeles de Hornachuelos acompañarán a su Patrona a la Regina Mater que se celebra en Córdoba.

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Una de las veinticinco Vírgenes Coronadas que participan en la Regina Mater en Córdoba es Nuestra Señora la Reina de los Ángeles de Hornachuelos, que además, el pasado miércoles día 29 de abril, el Ayuntamiento de Hornachuelos en pleno, por unanimidad y, con todo merecimiento, acordó nombrar a la Patrona, Nuestra Señora La Reina de los Ángeles, Alcaldesa Perpetua y Honorífica de la Villa.

El Ayuntamiento Furnayulense o “Meloja” -como ya se ha dicho en el anterior párrafo-, en sesión plenaria extraordinaria, acordó el citado nombramiento para que la patrona de la localidad, Nuestra Señora La Reina de los Ángeles ostentará a partir de ese día el titulo de Alcaldesa Perpetua y Honorífica de Hornachuelos.

La Ilma. Sra. Dña. María del Carmen Murillo Carballido, Alcaldesa del municipio, comentó que: “será un honor entregar el bastón de mando a la patrona, de Alcaldesa a Alcaldesa”. Para Murillo este nombramiento es el más apto, ya que La Virgen vela por su pueblo como vela y es preceptivo trabajar por una buena Alcaldesa.
La propuesta fue presentada al consistorio por el Hermano Mayor de la Hermandad de Ntra. Sra. Reina de los Ángeles, D. Manuel Cárdenas Olmo y el párroco de la localidad, Don Francisco Manuel Gámez, que el Consistorio tuvo a bien llevarla a pleno para su debate. Los demás grupos que conforman el ayuntamiento de esta villa serrana: Partido Popular, Grupo Independiente de Hornachuelos y la concejala no adscrita Gloria López, aprobaron el nombramiento, con gran satisfacción e incluso apuntaron la posibilidad de conceder un título honorífico de similares características al también patrón del municipio, San Abundio.

Antonio Ortega Serrano
Cronista Oficial de la Villa de Hornachuelos
Con la ilusión que caracteriza a todos los participantes de un evento de esta magnitud, la Hermandad de la Reina de los Ángeles Coronada y como se dicho anteriormente, ya Alcaldesa Perpetua Honorifica de la Villa de Hornachuelos. El hermano mayor, ha asegurado que numerosos devotos de esta advocación acudirán al próximo 27 de junio a contemplar a su Virgen en la conmemoración del 775º aniversario de la consagración al culto de la Santa iglesia Catedral de Córdoba.

El Hermano Mayor cuenta augura la seguridad de completar tres autobuses de fieles para acompañar a la Reina de los Ángeles, más todos los particulares que acudan por su cuenta. «Es un evento muy bonito y nadie quiere perdérselo», y sigue diciendo: “De hecho, muchos de los hermanos expresaron su intención de realizar el recorrido como siempre han hecho cada vez que la Virgen sale en procesión: caminando detrás de ella. Sin embargo, las normas de de seguridad a esta magna procesión lo impidieron, ya que al comienzo de la calle Diario Córdoba, comenzaba la carrera oficial con el impedimento de que los fieles, no pudieran pasar de allí, algo que «causó un poco de pena, pero sin duda, todos seguirían “fuera de la carrera oficial” y continuarían acompañarla, ha el final».

Salió desde la Iglesia de San Nicolás de la Villa, el templo que acogió a Nuestra Virgen, la Reina de los Ángeles, una imagen de talla completa que ha acudido a la Regina Mater, sin más ornamentación que la que lleva habitualmente, sus ensartas de diamelas en sus manos y grandes ramos de nardos rodeando la imagen.

Nuestra Virgen fue coronada canónicamente el 28 de mayo de 1994, en una jornada que movilizó a un auténtico aluvión de personas alrededor de su Patrona.

En los días previos a este Magno Acto salida en procesión hasta la Iglesia de acogida, y puesta en el Altar Mayor de la Iglesia de San Nicolás de la Villa por los responsables de la hermandad., que habían previsto realizar un Triduo de Misas en los que actuaron el Deán Presidente del Cabildo Ilmo. Sr. D. Manuel Pérez Moya, natural de Hornachuelos, el Vicario de la Zona del Bajo Guadalquivir, D. Manuel Montilla y el Delegado de Misiones y Obras Misionales y Pontificias D. Antonio Evans Martos, (también, nacido en Hornachuelos) y naturalmente en la Misa de despedida de esta maravillosa Iglesia de San Nicolás de la Villa de Córdoba el Párroco de Hornachuelos D. Francisco Manuel Gámez, que en una sentida homilía, dio las gracias a todos los fieles, con especial referencia a los Costaleros que portaban a la Reina de los Ángeles, a la Banda Municipal de Música de Hornachuelos y a cuantas personas llegadas de distintos puntos de la provincia habían estado presentes en los actos del Magno acontecimiento y, que le rendirán culto y procesión hasta la Santa Iglesia Catedral de Córdoba acompañada por la Ilma. Sra. Alcaldesa de Hornachuelos Ilma. Sra. Doña María del Pilar Hinojosa, la anterior Alcaldesa, Dña. María del Carmen Murillo y otros ediles del Excmo. Ayuntamiento de Hornachuelos, el Hermano Mayor D. Manuel Cárdenas, D. Manuel Ruiz y el fotógrafo D. Rafael Heras autor del Álbum de fotos que se inserta; así como Damas de la Hermandad, ataviadas con mantilla y peineta y otras autoridades y personalidades de Córdoba y Hornachuelos.

En el trayecto, se escucharon muchísimos aplausos, vivas a la Virgen y cantos de la Salve a la Reina de los Ángeles, por el nutrido grupo de fieles que la acompañaban, y aunque el calor era sofocante a esas horas de la tarde, el desfile resultó de lo más lucido, empezando por la calle Gondomar, Plaza de las Tendillas, calle Claudio Marcelo, calle Diario Córdoba, -que al entrar en la Carrera Oficial, la policía, por motivos de seguridad, prohibieron el paso a las personas que acompañábamos la comitiva- que siguió por calle San Fernando, paseo de la Ribera y aledaños a la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, en la que sería recibida por el Sr. Obispo de la Diócesis Excmo. Sr. D. Demetrio Fernández González.



Hornachuelos (Crónica)

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En el libro de Actas del XXXIX Congreso de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, celebrado en la Ciudad de Cáceres en los días 25, 26 y 27 de Octubre de 2013. Antonio Ortega Serrano Cronista Oficial de la Villa. Presentó la Comunicación titulada: HORNACHUELOS, en la que dijo lo siguiente:

Estimados compañeros, en nombre de la Ilma. Sra. Dña. María del Carmen Murillo Carballido, Alcaldesa-Presidenta y la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Hornachuelos, en mi condición de Cronista Oficial de la Villa, tengo la obligación y el honor de hacerles una presentación exhaustiva de este bello pueblo, hablarles de él, de su situación geográfica, de su flora y fauna, de sus ríos y afluentes y, por supuesto, de las excelencias culinarias que los restauradores enclavados en la villa, atienden al visitante.

La villa de Hornachuelos, como podrán comprobar más adelante: Está enclavada al Norte de Sierra Morena, en un sugestivo lugar llamado Sierra de Hornachuelos, término en el que se pueden ofrecer extraordinarias exquisiteces a cuantas personas lo visiten. Pero con antelación, me van a permitir que les haga llegar un sentimiento muy arraigado en mi corazón, del que deseo hacerles participes con mi Comunicación: Me siento muy orgulloso y honrado de pertenecer a esta Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, por dos razones fundamentales, la primera: porque en los Congresos que celebramos podemos encontrarnos con todos los Cronistas de España, cambiar impresiones y conocer al mismo tiempo, los distintos lugares de nuestra Patria y el progreso cultural de nuestra gran nación, que es España. Nosotros somos, queridos compañeros, los que actuamos como verdaderos embajadores entre los pueblos de nuestra querida Piel de Toro, es por lo qué: El Cronista Oficial, que se precie de serlo, creo que en la mayoría de los casos, no busca su beneficio personal, pienso que investiga para encontrar el placer de saber que ha dejado un importante aporte de cuanto se lleva a cabo, tanto cultural como estratégicamente del lugar a que pertenece, y lo más importante, y segundo: es saber y encontrar aceptación de que ha cumplido su trabajo altruista y desinteresado con verdadero acierto.

Esto es a mi entender el perfil humano del Cronista Oficial, por lo que les invito, a que si me acompañan puedan comprobar “in situ” la singular belleza de nuestro Parque Natural, para que puedan evidenciar que conocer este maravilloso emplazamiento de la Sierra de Hornachuelos, y sin duda y ánimo de exageración, disfrutar de una creación sin par de la naturaleza, motivo por el que me da fe y ánimo para instarles a disfrutar de sus extensos bosques de árboles de todo tipo y una especial flora de sin igual hermosura; y al mismo tiempo, y como he dicho antes, saborear las excelencias culinarias de nuestros restauradores, utilizando productos autóctonos de nuestra tierra, relacionados con la caza mayor y menor, aderezados con las mejores especies, que sólo ellos saben escoger, así como todos los subproductos de su agricultura y ganadería.

¡Conocer Hornachuelos!

Hornachuelos está ubicado en línea del horizonte, extendido en un promontorio inexpugnable de roca maciza, balcón desde el que vigila el cauce circundado por verdes montes del encajonado río Bembézar. A sus pies se contempla su presa de derivación, frío espejo azul que sepulta los paisajes y los ecos cosechados a lo largo del sinuoso curso el exuberante bosque, la berrea de los ciervos, la dramática fuerza del destino de un tal Don Álvaro, los apagados latidos de los corazones que habitaron el Convento de la Santa María olvidada de los Ángeles...; y el pueblo blanco, blanco como la cal que se produce en sus contornos por avezadas manos melojas, en fin, espectador de tantos ecos arrastrados por el agua.

Si acometemos la visita por el Sur, la entrada natural desde la carretera vieja de Sevilla, asemeja a Hornachuelos a una paloma blanca de extendidas alas y, que desde su altura, vigila impertérrita la fértil vega y es defensora de la vasta sierra protegida, verde imperio del venado y la cierva, del jabalí, del gato montes y del lince, de las águilas: imperial, perdiguera, calzada y comunes, de los buitres negros y leonados, del lobo y del zorro, de los conejos y perdices rojas y un largo etcétera de fauna, que sube hasta las mismas puertas de Fuente Ovejuna.

Sólo es alterada la blanca cresta del caserío, por la torre del homenaje de su castillo, que sobresale incluso por encima de la enhiesta torre parroquial de la Iglesia de Santa María de las Flores, primaveral advocación que concuerda con la naturaleza reinante del paisaje montaraz, los pétreos tubos del viejo castillo, ya una mera caricatura del esfumado poderío medieval; según si miramos de izquierda a derecha o viceversa, un antiestético deposito de agua, -hoy oculto detrás de suntuosos chalet- cual monumento contra la sed.

Si accedemos por la carretera nacional Córdoba-Sevilla, antes de pasar la caduca estación de ferrocarril, nos dejamos a la derecha una artística filinagreada portada de hierro, que daba entrada al Palacio de Viana, en la finca de Moratalla, que fue propiedad de los marqueses de su nombre. Nuestra vista puede extasiarse con lo que fue un bello jardín y al fondo un Palacio, -hoy convertido en lujoso Hotel- que fue hospedaje de reyes y príncipes y grandes de España, en tiempos de los siglos XVII y XVIII. Esta monumental verja de hierro con Escudo de Armas, en su morrión y pilares coronados por dos gemelos jabalíes de piedra, que fueron esculpidos por un “furnayulense” o “meloja”, que no llegó a ser famoso, pero sí conocido por Manuel “El Picapedrero”, pasando la portada y subiendo una suave pendiente que asciende hasta el edificio palatino. Sería bello recorrido en dicha dirección, contemplando los cientos de rosales, los tejos que allí crecen, los esbeltos cipreses, la riqueza vegetal de tan distintas variedades con que lo dispuso su diseñador, el francés J. N. Forrester, autor también de los proyectos del Parque María Luisa de Sevilla y de Mohn huich en Barcelona, a semejanza de los que realizase en la gran Versalles francesa y que cuidaron durante muchos años sus antiguos dueños.

Desde el punto de vista geográfico el municipio de Hornachuelos tiene gran interés por su extensión y variedad. Los aproximadamente 905,5 kilómetros cuadrados de su actual término, le colocan entre los primeros de Andalucía, está situado al oeste de la Provincia, su forma alargada de norte a sur le hace participe de tres unidades muy diferenciadas de la geografía cordobesa: Sierra Morena, la Sierra de Hornachuelos y el Valle del Guadalquivir.

Sierra Morena comprende la parte más sustancial de su término. Los materiales arcaicos primarios de su sustrato, con frecuentes afloramientos hipogénicos, están intensamente plegados y tectonizados. El relieve se encuentra modelado por la fuerte acción erosiva de la red fluvial, y resulta perceptible la disposición en bandas más o menos paralelas, alineadas en dirección noroeste-sureste, comprendida entre Sierra Albarrana y Sierra de Lanchares, etcétera. El nivel de cumbres no supera los 800 metros sobre el nivel del mar. Sus subsuelos arenosos y poco profundos tienen escasa capacidad de retención de agua y su calidad agronómica no es apetecible, pero suficiente.

Los ríos Bembézar y Retortillo drenan esta zona. El primero recoge las aguas de la mayor parte de la superficie municipal y discurre encajado y serpenteante en la mayor parte de su recorrido; en él se ha construido un embalse de aproximadamente 350 hectómetros cúbicos, suficiente caudal para regar los emplazamientos agrícolas de los poblados llamados de Colonización que se construyeron allá por la época de los cincuenta. El Retortillo hace de límite de las provincias de Córdoba y Sevilla, y en él se construyó una presa de cerca de 75 hectómetros cúbicos, que surte de agua potable a Palma del Río, Ecija y sus pueblos y aldeas aledañas.

En el Valle del Guadalquivir, sobre materiales del Mioceno y del Cuaternario, la topografía se presenta mucho más favorable y los suelos son más aptos para el cultivo. Todo ello configura un paisaje radicalmente distinto al de la sierra. El Guadalquivir cruza meandriforme el sur del término, recogiendo las aguas del Bembézar, el Guadalora y de algunos arroyos que discurren por la margen izquierda (Tramujal) y derecha (Mahoma).

Patrimonio histórico-artístico

Su Patrimonio histórico-artístico, comienza en la Prehistoria, ya que fue el más extenso de los términos municipales de la provincia, después de la capital, tiene el inconveniente de ser, a su vez, el más intrincado relieve y abrupto paisaje a la hora de buscar restos prehistóricos en él, particularmente en la zona más septentrional del mismo. Pero a pesar de sus inconvenientes, Hornachuelos brinda una incalculable cantidad de cuevas, pasadizos, y cimas, la mayoría sin explorar ni estudiar por personas expertas, así como sepulturas megalíticas, que estas sí, están en proceso de excavación y estudio.

Según algunos investigadores, han sido hallados instrumentos de sílex tallado del Paleolítico, localizados en la finca “La Muela”, la más septentrional, a la más meridional “Fuente del Membrillo”, los cuales nos hablan de la presencia de cazadores de aquella época en la zona del Guadalquivir y el Bembézar.

Existe alguna información sobre la Prehistoria de esta zona, que se interrumpe hasta llegar a la Edad de los Metales, época a la que podrían adjudicarse los restos cerámicos hallados por Juan Bernier en una de las cuevas de “Las Aljabaras”, las de “Arroyo Calderas”, que junto con las del “Risquillo” y la de “Cárdenas” configuran un interesante grupo, que saciarían la labor de los mejores eruditos.

Edad Antigua

Algunos historiadores han identificado a Hornachuelos con Celti, oppidum o poblado fortificado del Conventus Hispalensis (Plinio, Naturalis Historia III, 11) y mansio o punto de descanso de una vía romana, que unía Astigi (Ecija) con Emerita (Mérida) –itinerario recorrido por Antonino en 413,3-; no obstante, los estudios más recientes tienden a situar dicha población en los municipios de Peñaflor y Puebla de los Infantes.

Al norte de Hornachuelos los restos de época romana son escasos y bastante tardíos, como la inscripción de IUSTA aparecida en San Calixto y fechada en el 663 d.C.

Edad Media

Según la historiadora doña María Jesús Viguera Molins, el origen de la actual población de Hornachuelos, en cuyas tierras han aparecido restos visigodos, se remonta a la época musulmana. Su amplio término, que estuvo poblado de tribus árabes (Qays y Kalb) y beréberes (Hawwara) perteneció a dos Coras. Mientras que la zona septentrional, donde se localizaban algunas fortalezas y pequeños núcleos urbanos, se incluía en la de Fahs al Ballut, la meridional forma parte de la de Córdoba, concretamente del iqlim o distrito de Lawara (Mesas de Guadalora, al norte de Palma del Río). En ésta última zona se encontraba Hornachuelos y el Castillo de Murad (actual Moratalla) –nombre debido a la tribu Yemen de los Murad-, mezcla de manzil (posada o albergue para los caminantes).

Edad Moderna

Según cuenta el historiador don Miguel Ángel Orti Belmonte (BRAC nº 82 de 1961. pp. 285-328)) En la primera mitad del siglo XVII, Hornachuelos pasó a ser una villa de señorío. Por escritura de 7 de agosto de 1637, consta que el rey concedió a don Lope de Hoces, miembro de los consejos de Guerra y Hacienda y almirante de la Armada, en pago por más de 40.000 ducados que le debía, la jurisdicción y señorío de la villa de Hornachuelos y alcaldía de su castillo, debiendo don Lope servir al rey con 3.000 ducados, como complemento al precio de esta donación. En 1640 se erigía en condado a favor de don Alonso Antonio de Hoces –primer conde y segundo señor de la villa- en beneficio de los servicios prestados al rey por su padre, que murió abrasado en el galeón Santa Teresa en 1639, luchando contra los holandeses en el puerto de Dumas.

Edad Contemporánea (La desamortización)

El proceso de transición del Antiguo al Nuevo Régimen, sin duda alguna, uno de los aspectos más destacables por lo que se refiere a desamortización eclesiástica llevada a cabo por Mendizábal y ordenada por Isabel II, fue la venta del convento de Santa María de los Ángeles, en torno al cual se habían generado leyendas y tradiciones de gran arraigo popular y que fueron analizadas antropológicamente por Alejandro Guichot. Al mismo tiempo, su término se consolida como una zona de predominio de la gran propiedad, hasta que la Marquesa de Peñaflor la cedió al Obispado de Córdoba, con destino a Seminario. Hoy ha pasado a ser un edificio derruido y en espera –según rumores- de ser rehabilitado para ser dedicado a convento de monjas.

Castillo y muralla

Especial realce dentro de la importancia arquitectónica civil de Hornachuelos, tiene el castillo y el recinto amurallado que bordea la antigua población, elevándose sobre pintorescos escarpes y tajos que ya de por sí hacen inexpugnable a la villa y, más aún en la época califal, aunque con obras posteriores, de la fortaleza y perímetro sólo se conservan algunos fragmentos. Naturalmente y a pesar de ello, aún resultan impresionantes los restos del castillo y sus torres, destacando entre ellas la prismática del Homenaje, que cobija interiormente dos cámaras con cubiertas copuladas. Queda al norte del cinturón de murallas, que aún hoy se pueden apreciar en algunos puntos de la villa. En él existieron varias puertas, como la de la Villa, que se encuentra situada muy próxima al castillo, además de la de los Ángeles, emplazada a oriente, y del postigo del Ahechero en el flanco occidental.

Vida cenobita

Últimamente se ha editado un libro, cuyo autor es un servidor de ustedes, titulado “Paseos por Sierra Morena II” HORNACHUELOS tierra de Santos lugares, en el que hago un exhaustivo pasaje de los cuatro cenobios, dos ya extinguidos y dos actuales, que han existido ó existen en su término. Cuales son el desierto del Tardón en San Calixto; el desierto de Nuestra Señora de los Ángeles; el Monasterio Cisterciense de Santa María de las Escalonias y el desierto de Nuestra Señora de los Arenales o del Carmen, este último de reciente ubicación.

Clima mediterráneo

Uno de los atractivos más importantes de Hornachuelos y su sierra, es el clima Mediterráneo continentalizado, con una cierta gradación de las precipitaciones y temperaturas entre el norte y el sur del término por el incremento de su altitud y la disposición del relieve, perpendicular al avance de las masas de aire húmedo del suroeste. La precipitación media anual, es de distribución muy irregular, se puede situar entre los 700 y 1000 milímetros cúbicos.

La densidad de población actual es de unos 4.799, de los que 2.417 son varones y 2.383 mujeres, debido a la recuperación después de la inmigración masiva que se produjo en los años sesenta y setenta. En la actualidad en este pueblo, se vislumbra una activa recuperación, tanto de habitantes como de desarrollo socio-económico-político y esto lo demuestra el gran polo de desarrollo empresarial en su Polígono Industrial, donde se ubican una creciente cantidad de empresas y cooperativas que van acrecentando sus posibilidades día a día, aunque para llegar a un feliz término, necesitaríamos la ayuda de los gobiernos, tanto autonómico como nacional.

El Corcho

Hornachuelos, al ser poseedor de un extenso término municipal (más de 68.000 Hectáreas), es lo que le permite tener casi todo: sierra, valle, ríos, campiña, etcétera. Pero entre todos es destacable su sierra, la llamada Sierra de Hornachuelos, que en sus entrañas guarda uno de los bosques mediterráneos mejor conservados de Sierra Morena.

Su gran cantidad de fincas productivas cubiertas de alcornoques, encinas, chaparreras y quejigos se entremezclan cubriendo miles de hectáreas de ondulada sierra, pero quizá lo más importante e interesante sean las manchas de alcornocal que aún se pueden encontrar en numerosos lugares, y como el corcho se “saca” cada 9 años, podemos asegurar sin temor a equivocarnos que su producción rebasa los 8.500 quintales al año. Pequeños bosques de árboles centenarios, tan enormes, que sus ramas y sus copas hacen un conglomerado semejante a una enramada. Siendo esta una de las fuentes económicas más productivas para nuestros habitantes, expertos dominadores de la “saca” o extracción del corcho y la “tala” o limpieza de retoños de los árboles, hecho con los que se consigue una mejor producción de sus frutos, por lo que además, Hornachuelos es exportador de esta mano de obra especializada a las distintas áreas donde se cultiva el corcho. Lo único que creo que le falta a este pueblo, es una fabrica para manipulación de este producto y que no salga sólo en bruto, sino que pueda ser exportado a las distinta bodegas: en taponería, conglomerado, placas para aislantes, insonorizaciones para las distintas empresas de construcción de viviendas y un sin fin de posibilidades para la industria en general.

La cinegética ó caza mayor

La denominación especial de las monterías o actividad cinegética, o caza mayor, es muy importante en Hornachuelos, ya que en la época de las cetrerías se suelen cobrar alrededor de 5.000 cabezas de venado y unas 3.000 de jabalís y si tenemos en cuenta que podemos dar con carácter fidedigno de 50/52 kilos en canal por pieza conseguida de esta especie, y unos 40/45 kilos de jabalí, llegaríamos a una producción cárnica de 385.000 kilos entre ambas variedades. La denominada y vulgarmente conocida como “La Montería”, en Hornachuelos existe el emplazamiento más importante de la Provincia, y me atrevería a decir: de España y resto de Europa. Hablar de montería en Andalucía, en su más pura esencia es hablar de Hornachuelos. Los dueños de sus extensos cotos han sabido conservar, tanto las especies que en ellos se crían, como la conducta de los verdaderos aficionados. Sus renombradas fincas recuerdan a los monteros el grado de felicidad que en ellas pasaron, no quiero nombrar ninguna, ya que de hacerlo me vería obligado a relacionarlas todas, pero si les puedo decir que pasan de la cincuentena. Esta actividad cinegética, proporciona otras actividades, cuales son: la artesanía textil, de la que Hornachuelos cuenta con un taller de importancia, el de las Religiosas Carmelitas Descalzas de San Calixto, que además cuentan con tres telares del alto lino, en los que realizan colchas, cortinas y mantelerías, bandejas decoradas a mano y recipientes de usos diversos, tulipas para las lámparas, en los que emplean arpilleras y pieles de venado.

En esta misma línea de la “Explotación Cinegética”, debemos destacar la de José Cárdenas Jiménez, que por su deficiencia física tiene doble merito, ya que elabora verdaderas obras de artesanía con madera, corcho, patas y cuernas de venado, tales como taburetes, perchas, lámparas y mesitas, también existen otras personas que le imitan elaborando lámparas para mesita de noche, llaveros, -con la corona de la cuerna-, porta llaves, y otros “souvenir” que sólo se encuentran en esta población, cuya historia comienza o al menos existen indicios, como ya dijimos antes, como la inscripción IUSTA aparecida en San Calixto y fechada en el año 663 d.C., o las labores denominadas de “paciencia”, que raramente se ponen en venta, realizadas con la navaja, como único instrumento, preciosas paletas, cucharones, cazos, cucharas y cuchillos, que con gran habilidad ha realizado Francisco González Somero.

La Miel, la meloja, el polen y la jalea real

Si nos hacemos esta pregunta: ¿Qué es la Miel? Con rapidez seremos contestados por algún apicultor: “La Miel es una sustancia azucarada producida a base de néctar y otras soluciones azucaradas que las abejas cosechan de los vegetales, las enriquecen con sustancias que provienen de su propio cuerpo, en él las transforman, colocan en los paneles y la hacen madurar, la cual tiene unas variedades y propiedades que más adelante comentaremos”. En este capítulo “dulce”, Hornachuelos, la Miel y sus subproductos ocupa el primer puesto dentro de la provincia de Córdoba, tanto en lo que respecta al número de colmenas, que actualmente sobrepasan las 25.000 unidades, así es que si tenemos en cuenta que cada colmena –dependiendo del factor de la climatología y el comportamiento de la naturaleza, su producción anual por unidad es de aproximadamente de 20/25 kilos cada una, llegamos a una producción cercana a los 500.000 kilos. La mayoría de los apicultores no se dedican profesionalmente a esta actividad, sino que son, generalmente, trabajadores agrícolas de los regadíos de la Vega del Guadalquivir y unos pocos, dedicados exclusivamente a este negocio, son empresarios altamente cualificados, a los que los anteriormente citados venden sus cosechas, así como a otros de fuera, que ya realizan la manipulación y envasado, de la miel pura en sus variedades de flora, como: con las propiedades terapéuticas: Azahar, antipasmódica, calmante en insomnio; Brezo, clorosis, anemia, neurastenia, impaciencia, enfermedades del corazón, de las vías urinarias y del riñón, reumatismo, gota y desmineralizaciones; Eucalipto, afecciones bronquiales y pulmonares, gripe, enfriamientos y vías respiratorias; Mil flores, acentúa las funciones digestivas, aumenta la energía y la fuerza física y debido a sus excelentes características para ser recomienda como sustitúyente del azúcar; Romero, estimulante del hígado, acideses, pirosis de las úlceras de estómago y de duodeno y amenorrea y otros subproductos como la exquisita Meloja, muchas personas foráneas se hacen la pregunta siguiente: ¿Qué es la Meloja? Y esa pregunta tiene una única respuesta: “La Meloja es un genuino dulce de Hornachuelos. Es elaborado por manos expertas, basándose en cidra cortada en trozos y de restos de la miel y el polen que deja el lavado de los opérculos. Estos restos son hervidos hasta concentrarse y posteriormente se añade la cidra y se vuelve a hervir todo junto. El proceso suele durar unas 14 a 17 horas, y a partir de ahí y una vez enfriada, a degustar este maravilloso manjar.

El polen

El polen es un producto segregado por los órganos masculinos de las flores, apareciendo en forma de multitud de corpúsculos microscópicos contenidos en la antera de la flor, teniendo su producción como objetivo el fecundar los órganos femeninos.

La abeja aglutina los diferentes granos de polen añadiéndoles sus secreciones y un pequeño porcentaje de néctar. A partir de ese momento el polen ya no es el que puede recogerse manualmente de las flores, o el que el viento dispensa, se le han añadido otros componentes. Este es su secreto.

Transportado a la colmena por la abeja, cuando esta llega a ella, lo descarga y lo deposita y almacena en las celdillas próximas a las que están dedicadas a la crianza, de forma que las nodrizas puedan utilizarlo con más eficacia para la alimentación de las larvas, siendo indispensable para el crecimiento de éstas, en razón de los prótidos que contiene.

La jalea real

Otro subproducto de la miel es la jalea real, y ¿Qué es la jalea real? La jalea real es un producto segregado por las glándulas faríngeas de las abejas “nodrizas”, cuya misión es la de alimentar las larvas de la colonia, durante los tres primeros días de edad, excepto las seleccionadas para nacer reinas, que serán alimentadas con jalea real, durante toda la vida de larva e insecto etcétera. Además de servir para todo lo anteriormente dicho, tienen unas propiedades cosméticas extraordinarias, como son, la fabricación de: Crema regeneradora Hidro-nutritiva antiarrugas; Crema de manos; Crema de manos al aceite de oliva; Crema de manos y uñas al aceite de oliva y Keratina; Mascarilla capilar a los propóleos; Protector solar labial factor 20; Hidro-bálsamo After-Shave; Crema anticelulítico moldeadora; Jabón de Miel y Lavanda; Polen congelado (conserva todas sus propiedades); Licor de orujo de miel fresca; Hidromiel; Caramelos de miel y de sabores variados; Apireven (artritis, artrosis, reuma) y un largo etcétera.


El aceite de oliva Virgen

En esta actividad oleícola, también Hornachuelos, tiene que decir mucho en el ámbito provincial, regional, nacional y resto de Europa. Nuestras cualificadas empresas, dedicadas a esta rama de la agricultura, se encuentran a la cabeza, en la producción, envasado, calidad y distribución del exquisito aceite de oliva virgen, tan necesaria para la restauración profesional y el gasto casero, así como en la cosmética. Todo aquél que haya probado nuestro aceite, estoy seguro que repite, por su equilibrado acidez y agradable sabor.

La gastronomía y la restauración culinaria

En cuanto a la gastronomía, ¿qué podemos decir de ella? Las personas que nos visiten pueden encontrar, en nuestros Restaurantes y Bares especializados, los platos típicos y especialmente preparados por cocineras y cocineros avezados ya que dada la riqueza cinegética furnayulense, se centra y se recrea en ella. El exquisito chorizo de venado y jabalí, ambos unidos, o cada uno por su parte, sabiamente condimentados con: carne de estos animales, pimentón dulce y picante, sal, pimienta, ajo, comino y orégano y otras especies, las cuales no son conocidas nada más que por ellos. Después se deja adobar dos días, se embute en tripas y se deja secar al aire puro de la sierra. Asimismo es especial la preparación de la pierna de venado y el jabalí, que para quitarle ese sabor peculiar de algunas carnes de caza, la dejan varios días marinada en aceite, zanahoria, cebolla, ajo, tomillo, laurel, pimienta, clavillo, estragón, vinagre, vino blanco y sal. Es guisada en manteca y, a comerla, pero acompañada de salsa picante. Otro manjar de la repostería artesanal de Hornachuelos, es el conejo a lo “pebre”, esto es, con una salsa hecha con aceite, ajos, pimienta, perejil, agua y vinagre. Y para postre, podemos endulzar el paladar con los excelentes productos confiteros, como son: las tortas, torrijas, pestiños, roscos, bizcochos y hojuelas. Naturalmente elaboradas con huevo, harina, agua y aceite y cómo no, bañados todos ellos con la rica miel y “meloja” de esta tierra.

El senderismo ó senderear

En esta sana actividad deportiva pueden encontrar nuestros visitantes y disfrutar de una alta gama de valores naturales y culturales que el Parque ofrece, como son unas grandes posibilidades para el ocio y la educación ambiental. En efecto Hornachuelos es un complejo laboratorio natural que nos permite disfrutar de su visita, recorrer sus diversos parajes, experimentar los cambios estacionales, vivir la esencia de la zona, despertar bien los sentidos y aprender a interpretar los múltiples mensajes que nos brinda este medio tan diverso, producto de la armónica convivencia durante siglos de los sistemas naturales y las actividades tradicionales humanas, senderismo, acampada, interesantes recorridos, disfrutando de la naturaleza, la fauna y flora de nuestra sierra y sus seis maravillosas Rutas como son: 1º Sendero Botánico, con una longitud de 1,2 Km., 2º Sendero de las Herrerías, con una longitud de 4,8 Km., 3º Sendero de Guadalora, con una longitud de 7 Km., 4º Sendero del Águila, con una longitud de 12 Km. (ida y vuelta), 5º Sendero del Bembézar, con una longitud de 13 Km. (sólo ida) y 6º Sendero de la Rabilarga, con una longitud de unos 700 metros. Recorridos, que debemos decir que se necesita al menos dos días completos, para poder disfrutar de un bosque mediterráneo en muy buen estado de conservación, en el que encontraremos: encinas, alcornoques, quejigos, madroñeras, lentiscos, durillos jaras y coscojas, como flora, y ciervos, conejos, perdices rojas, águilas, buitres, abejarucos y un sin fin de toda clase de pequeñas aves y pájaros, saldrán a nuestro encuentro hasta llegar a adentrarnos en la provincia de Sevilla.

Fiestas patronales y otros eventos

Y aunque ya han pasado las fiestas patronales de Hornachuelos, les invito a que nos visiten el día 11 de Julio, festividad de nuestro Patrón San Abundio y el 2 de Agosto, festividad de Nuestra Señora Reina de los Ángeles, nuestra excelsa Patrona. En estos eventos, podrán disfrutar, en el fenomenal recinto ferial que posee Hornachuelos en las afueras del pueblo, en el lugar denominado “Las Erillas”.

Y para terminar y, con inmenso orgullo deseo comunicarles que a partir del año 2002, se encuentra el Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos, incluido dentro de la Reserva de la Biosfera “Dehesas de Sierra Morena” en el Programa de espacios integrados en “El Hombre y la Biosfera” (Programa MaB) de la UNESCO, en el que se concilia la conservación de la biodiversidad y los recursos naturales con el uso sostenible de los mismos. Y con este Soneto que dediqué a mi pueblo titulado “Canto a Hornachuelos”, deseo poner un poco de poesía a mi comunicación:

¡En lo alto del monte tu grandeza!

Blanca de cal... Desde la lejanía

Luce en tus piedras la hidalguía,

Cómo una gran señora la realeza.

Desprendes el linaje con presteza,

Cristianos y musulmanes en porfía

Su sangre en tus murallas se vertía;

Cuando el rey conquistó tu fortaleza.

Una reina te bautizó blanca paloma

Y un rey por contarte entre su anhelo...

Cuasi pierde por ello su corona.

Y hoy tu blanca silueta sobre el cielo,

Cuando el sol se oculta tras la loma

La envuelve la luna con su velo.

Reiterando mi agradecimiento en nombre de la Villa de Hornachuelos y su Corporación Municipal, al Excmo. Ayuntamiento de la Ciudad de Cáceres, a su Excma. Diputación Provincial y al Presidente de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales y a todos sus miembros, la oportunidad que me han brindado de ofrecer las calidades de este maravilloso pueblo con más de 10.000 Años de historia, ya que estudios llevados a cabo por un gran número de historiadores e investigadores, su antigüedad se remonta a un periodo comprendido entre 10.000 y 35.000 años a.C., siendo esta etapa la de mayor duración de la prehistoria y, poder haberles hecho participes de cuanto en él pueden disfrutar todas las personas que deseen visitarnos.

Y no me extiendo más, obligado por las limitaciones impuestas por los compañeros organizadores de éste Congreso, ya que el número de intervinientes es muy elevado y no les permite que nuestras Comunicaciones excedan las 12 páginas; pues de lo contrario podría triplicar lo expuesto.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:

ARENAS, R. y TORRES, J. A. 1994. Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos. Junta de Andalucía. Agencia de Medio Ambiente.

ORTIZ JUAREZ, D.; BERNIER LUQUE, J.; NIETO CUMPLIDO, M., y LARA ARREBOLA, F.; 1986. Catálogo artístico y monumental de la provincia de Córdoba. Tomo IV: Fuente Obejuna-Hornachuelos. Diputación Provincial de Córdoba.

RODRÍGUEZ-TORRES Y POLO DE LARA, M.; 2001. Cotos, Casas y Cosas de la Sierra de Hornachuelos.

TORRES ESQUIVIAS, J. A.; Fauna de Sierra Albarrana. Fundación ENDESA.

VILLAR MOVELLÁN, A., 1995. Guía artística de la provincia de Córdoba. Universidad de Córdoba.

Explicaciones de vecinos anónimos de Hornachuelos que se dedican a la apicultura, cuidado y mantenimiento de las colmenas, así como a la manipulación y obtención de la Miel y la Meloja.

Antonio Ortega Serrano


Cuando decidí escribir la novela histórica

Abderramán y Azahara

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Querida María Jesús, estimados amigos, gracias por estar aquí, apoyándome para hablar de una historia, mitad real, mitad leyenda, esa que yo plasmé en un libro, hace ya mucho tiempo y que titulé “Abderramán y Azahara”. Además hoy es el día de Nuestra Señora de Fátima, por lo tanto a Ella me encomiendo.
Antes de ello lo medité mucho y muy intensamente, sobre esta historia o leyenda y sobre el desarrollo de la misma antes de llevarla a la imprenta. Yo sabía de antemano que no era el primero, ni que sería el último que iba a tratar este tema del ambiente califal de Córdoba, grandes plumas de investigadores e historiadores como: Levi-Provenzal, Torres Balbás, Asín Palacios, García Gómez y un largo etc., lo habían hecho antes, y que en sus fuentes yo había bebido, escrutando hasta empaparme en el libro del pensador muladí Abdallah ibn Mazarra en El libro de la explicación perspicaz y El libro de las letras, en su original teoría filosófica consistente en un neoplatonismo inspirado en el Pseudo-Emplédocles. Naturalmente no fueron las únicas, ya que he leído las obras del jurista, teólogo, filósofo y poeta muladí, nacido en esta tierra, Ibn Hazm, las del filósofo también cordobés Ibn Ruschd o Averroes y en las del médico y filósofo judío cordobés Maimónides entre otras, de las que pude sacar datos suficientes y necesarios para arriesgarme y permitirme la osadía de escribir sobre los poéticos amores mantenidos -según la historia- por el primer califa cordobés Abderramán III, y la bellísima y delicada Azahara.

Antonio Ortega Serrano
Un día subí a lo más alto de nuestra sierra cordobesa, en un lugar muy próximo a las Ermitas, en la atalaya denominada “El Mirador de las Niñas”, con mi bloc de notas, y desde aquel lugar extraordinariamente bello, repleto de salientes de rocas calizas, de exuberante vegetación de las más diversas variedades. Extasiado donde el olor a romero, madroñeras, jaras, majoletos, la flor del castaño, de los avellanedos y de los almendros y el azahar de los naranjos de la huerta que cuidan los frailes de las Ermitas es inconfundible; en el que uno se siente transportado al más cuidado jardín de la Arabía o Constantinopla.
Desde aquél lugar se divisa con una significativa claridad toda nuestra ciudad, el Monasterio de los Jerónimos, las Ruinas de Medina Azahara y la extensa campiña cordobesa, con el verdor fuerte y reluciente del extenso mapa de sembrados, parecido a las olas del ancho mar Mediterráneo cuando es movido por la suave brisa de la mañana, de los trigales, los cebadales, los girasoles, los algodonales, los maizales y otros cereales sembrados por las manos ávidas de los agricultores, y como no, el serpenteante río Guadalquivir, que en su camino hacía el mar, parece como si quisiera llevarse con él todo lo bueno, que es mucho, que encuentra a su paso.
Mirando y escrutando en las Ruinas de Medina Azahara, e imaginado aquella historia que fue tan real como la vida misma, la de dos seres que se amaron tiernamente, comencé a escribir mi libro que lo he calificado como novela histórica.
De las diferentes familias, razas, dinastías y periodos musulmanes existen buenas muestras en los vestigios encontrados en cualquier lugar o rincón, en el que se inicie una excavación en Córdoba y que en la mayoría de los casos, suele dar dolor de cabeza a los arquitectos, constructores y propietarios de solares y viejos edificios.
Y mirando a Córdoba, quise cantarle a mi ciudad, porque a Córdoba es una ciudad para cantarla, para recrearse en su belleza sin par, y recordar las palabras de un amigo castellano, que un día me dijo: “vosotros los cordobeses no sabéis lo que tenéis. Córdoba es para vivir y morir en ella”.
La Córdoba que bajo el Emirato dependiente de Damasco (711-756) y según Sánchez Martínez, se caracterizó en sus primeros años por la continuación de la conquista en el norte de la Península, por la organización de un proceso fiscal sobre el territorio recién incorporado, acompañado de las acuñación de moneda y por los conflictos entre los conquistadores árabe-beréberes en torno a la ocupación y reparto de tierras
Los gobernadores se sucedieron con una rapidez desconcertante. Su nombramiento recaía, ante el protagonismo político de los distintos clanes árabes y de los beréberes, en el Jefe del grupo árabe vencedor de sus disputas, lo cual es indicativo de los débiles lazos que unían al emirato andalusí con Damasco o con Ifríqiya.
Córdoba recibiría, desde el momento que se convirtió en capital de al-Ándalus, un trato de privilegio. Éste se materializó en una serie de reformas urbanas, llevadas a cabo bajo el mandato del emir al-Samh (719-720) –sustituto de al-Hurr- gracias a los ingresos obtenidos por la organización fiscal iniciada con al-Áziz y continuada por al-Hurr, al establecer un registro fiscal de los cristianos de Córdoba para cobrarles pequeños impuestos de paz.
El emir al-Samh nombrado directamente por el califa de Damasco y dotado de poderes excepcionales, reconstruyó el puente romano de Córdoba, restauró el lienzo occidental de la muralla, dedicó el llano conocido por el Arrabal, en la orilla izquierda del Guadalquivir (suburbio de Saqunda), a cementerio de los musulmanes y dejó también en este lugar un amplio espacio para la oración al aire libre (musalla), así como otro más pequeño al este de la ciudad. En su corto periodo de mandato garantizó el cobro del quinto (jums) al Estado y restituyó a los legítimos dueños aquellas tierras que habían sido incautadas indebidamente.
A partir de la derrota musulmana de Poitiers (732) por la que se cerraba la expansión árabe-berebere, se inició un periodo de crisis motivado por las luchas entre las dos agrupaciones étnicas árabes –qaysíes y kalbies- para dirimir los viejos pleitos tribales y por acentuarse, al no existir ya expectativas de botín, la lucha por la posesión de las tierras ocupadas. Ambos fenómenos afectarían a las tierras cordobesas en los años siguientes.
Ante el fracaso de intentar detener a los beréberes, que en su lucha por el predominio de la oligarquía árabe empujan a éstos desde sus tierras del norte peninsular hacía el sur, el emir Ibn Qatan se ve obligado, siendo kalbí, a solicitar la ayuda del contingente sirio a las órdenes de qaysí Baly Ibn Bisr. Y a partir de aquí los sirios en tres encuentros –uno de ellos en la región de Córdoba- sofocaron las revueltas beréberes de al-Ándalus. Posteriormente depusieron a Ibn Qatan e instalaron en el gobierno cordobés a su Jefe Baly (741). Durante un tiempo la política proqaysí de éste y de su sucesor, Ibn Saláma, estuvo a punto de provocar una guerra civil. Y así se siguieron sucediendo los emires: Abúl-Jattár (743). El nuevo emir Yúsuf al-Fihri que fracasó como los anteriores, y sería sustituido por ‘Abd al-Rahman, que logaría hacerlo realidad. Con ello se inició un proyecto de sirianización de al-Ándalus de gran importancia, para que posteriormente el joven sirio ‘Abd al Rahmán ocupara el emirato cordobés.
Pero pronto terminó el gobierno ecuánime de Abúl-Jattár, cuya política parcial hacia los árabes del sur o yemeníes provocó un nuevo enfrentamiento a las puertas de Córdoba, en la alquería de Saqunda, entre las agrupaciones árabes (747). Los qaysíes salieron vencedores gracias a la ayuda prestada por las gentes del mercado cordobés, siendo asesinados en la iglesia cristiana muchos personajes yemeníes.
El nuevo emir Yúsuf al-Fihri, basándose en su prestigio y en la ‘asabiyya (espíritu del cuerpo) caysí, intentó construir un estado andalusí que estuviese por encima de todas estas disputas tribales, pero fracasó en el empeño. Sería su sucesor, ‘Abd al-Rahmán, el que lograría hacerlo realidad.
Los judíos y cristianos cordobeses, a los que no les afectaban las luchas, se instalaron durante esta época fuera del sector amurallado de la Medina. Los primeros construyeron algunos suburbios en la zona septentrional y los segundos en la orienta. También se enriqueció el alcázar de los emires con un cementerio ajardinado. Pero el acontecimiento de mayor trascendencia fue, -según M. Ocaña Jiménez- la fundación por al-Fihri de la primera Mezquita Aljama en la Iglesia de San Vicente, motivada por la necesidad política de fiscalizar la fidelidad al príncipe reinante por parte de la aristocracia árabe.
El príncipe ‘Abd al-Rahmán –nieto del último califa omeya, perteneciente a la rama Marwan-, después de escapar a la represión ejercida sobre su familia como consecuencia de la revolución ‘abbsí del año 750, llegó a la península gracias a la ayuda prestada por los clientes omeyas que vinieron en el ejército de Baly. Con su apoyo, el de los yemeníes y la adhesión de algunos beréberes venció el ejército qasí de al-Fihrí y al-Sumayl en la batalla de al-Musára, cerca de Córdoba (Mayo del 756). A continuación fue proclamado emir de al-Ándalus en la Mezquita Aljama de Córdoba al presidir el gran sermón del viernes al medidla (jutba), inaugurándose así un nuevo periodo en la historia de la ciudad –el emirato independiente de omeya-, quedando tan sólo un vínculo con el califato abbasí de Bagdad: el empleo de nombre de califa oriental en la jutba, que seria roto por ‘Abd al-Rahmán III (929).
Durante el reinado de ‘Abd al-Rahmán I, Córdoba adquiere aires de capital musulmana. Hacía el 766 reconstruye el recinto amurallado de la Medina. En torno al 785 levanta un nuevo palacio en el mismo sitio o próximo al anterior Alcázar, al que traslada su cancillería y su residencia. Y al final de su mandato, al no tener la Mezquita Aljama suficiente capacidad para albergar el mayor número de habitantes cordobeses, adquirió lo que le quedaba a los cristianos de la basílica de San Vicente, la cual fue derruida en el 785 para levantar al año siguiente un nuevo edificio que con el tiempo se convertiría en la Gran Aljama del occidente islámico. A su muerte fue enterrado en la Rawda del Alcázar (788).
El reinado de Hisám I (788-796), su hijo y sucesor, se caracterizó por su gran tranquilidad y paz. Sin embargo, tuvo que enfrentarse a sus hermanos Sula Hyman y ‘Abd Allah, quienes se disputaron su derecho al emirato, defenderse de algunas revueltas en las regiones de Tortosa, Zaragoza y Murcia, aplastar la sublevación de los beréberes de Tákurunna (Serranía de Ronda) y proseguir la guerra santa o yihád contra asturianos y francos. Durante su gobierno hubo una notable moderación fiscal. Con el jums obtenido en la expedición contra francos restauró el puente de Córdoba, terminó las obras de la Mezquita Aljama, -que iniciara Abderramán I-, al edificar el alminar, una sala de abluciones y las galerías para las mujeres, fundando varias mezquitas en la ciudad cordobesa.
‘Abd al-Rahmán III, una vez restablecida también su autoridad en las marcas fronterizas, pudo consagrarse a las tareas administrativas y organizativas y dedicar su atención a la política exterior. Sus éxitos y la prosperidad alcanzada hizo que, al conferirle el nuevo título un poder absoluto, existiese una mayor separación entre súbditos y el soberano, que se rodeó de una gran suntuosidad.
Durante su mandato califal (929-961) construyó una nueva Dár al-sikka (928), erigió después un palacio dentro del alcázar, agrandó el patio de la Mezquita Aljama (Patio de los Naranjos) y construyó un nuevo almijar (951), restauró la fachada que separaba la sala de oración del patio (958), reconstruyó el zoco, una mezquita y la Casa de Correos, dañadas con el incendio del 936, e inauguró el acueducto que traía agua potable desde la Sierra a Dár al-Ná’ura (941). Pero la obra que destacó sobre todas las demás fue la construcción al noroeste de la capital de una magnifica ciudad residencial, Madinat al-Zahra’ (936-947)
Y Córdoba callada, cálida en verano, fría en invierno, pero llena de luminosidad y belleza en primavera, asombrada y asombrosa, asimilaba todo. Y aquel rey que era el más guapo, el más gallardo, con su pelo rubio y sedoso como los rayos del sol y sus grandes ojos verdes, que más parecían los de un Ángel que los de un musulmán, el más libre y más culto de los que pudieran existir en todos los reinos: en donde el luto era blanco para realzar más la pureza del ser perdido igual que el color blanco plateado de su bandera… y los demás reyes eran como alcaldes de aldea y vivían como tales, como cualquier aldeano comparados con él. Y él recibía regalos prodigiosos de monarcas lejanos, las más bellas esclavas de todos los países… Azahara fue una de ellas, fue traída del reino de Granada como cumplido y sumisión al Gran Califa Omeya, arrancada del hogar paterno y como si de una cordera se tratara regalada, que no vendida a Abderramán, pero distinta a todas, fue su amor, su desvelo y en las oscuras revueltas de una de sus callejas se oye aún una voz dulce como la miel de uno de aquellos jóvenes poetas emocionado susurrar… Este canto a Medina Azahara:
Azahara después de escuchar extasiada aquella poesía, que más parecía la canción de un ángel y con la mirada fija en los ojos de su señor Abderramán con ternura y admiración, comenzó a decir con voz trémula y entrecortada:
-Me ocurrió aquella mañana. Yo oía aquí, asustada, hablar tantos idiomas… Venia de Elvira, Tosca, en Sierra Nevada. Estaba entre mis compañeras igual que una doncella aguardando el momento de ser devorada por una fiera. Se escuchaban las campanas mozárabes y las voces de los almuédanos. El aire olía a flor de los naranjos-
-El aire huele a tu nombre, mi bella Azahara-.
Le decía Abderramán con voz suave y enamorada, que ella escuchaba como si del fresco chorro cristalino de una fuente se tratara y continuaba diciendo:
-Todo aquello era tan nuevo para mi, era como si la noche se volviera día, yo llegaba de mi pequeña aldea de las nieves, en mi sierra… Y llegaba en el florido mes de Mayo, cuando Córdoba se engalana con sus mejores más hermosas flores en las calles, plazas y patios, cuando a la sombra de tus triunfos, alrededor del patio, administraban justicia los alfaquíes y sabiduría los maestros, religión los santos varones y los adinerados pujaban en subastas de códices y extrañas obras de arte, recitaban los jóvenes versos de amor, que se los dedicaban unos a otros, los mayores leían con las piernas cruzadas al sol y los eruditos conversaban de filosofía, tañían y cantaban las esclavas, erguían las bailarinas sus pechos en la danza, contorneaban sus cuerpos y retorcían sus caderas, convulsionaban su ombligo y sus cuerpos semitapados con ricos tules y sedas de Alejandría, excitaban a los hombres y en aquel bullicio de música y canto se escuchaba la voz delicada y melodiosa de algún poeta…
-Yo miraba todo consternada, igual que un condenado aguarda el hacha del verdugo. Tenía quince años y en mi frágil cabeza sólo cabían las sinfonías que tocaban los ángeles para mí el aire sólo olía a la flor del naranjo, a azahar.
-El aire huele a tu nombre, mi bella Azahara-…
Volvía a decir Abderramán, acariciando su largo y sedoso pelo negro, y Azahara con una sonrisa y una mirada de amor proseguía:
-¡Oh! Mi Señor, mi amado Rey Abderramán. Medina Azahara hiciste. Y jamás los ojos de los hombres habían visto, ni vieron, ni verán una ciudad como ella… Todo el orbe se conjuró para obrar la maravilla.
Los caminos se llenaron de caravanas, los mares se cubrieron de bajeles que zarpaban de África, de Siria, de Italia y de Grecia cargados con ricos presentes para Medina Azahara. De Túnez y de Medina vinieron jaspes verdes y rosados. Cuanto quedaba de Cartago de valor fue traído hasta aquí, para embellecer esta ciudad del amor…
-Bendito sea el Todopoderoso que da la vida y luego da la muerte, sólo como un descanso hasta la resurrección. Bendito sea que consiente el amor, la ternura y la unión de los seres que se adoran, igual que tú y yo Abderramán mi Señor-.
De pronto se volvió a escuchar aquella voz que parecía venir desde el Edén, acompañada de las trompetas de los ángeles, impregnada de un halo luminoso como si una estrella fugaz, en una oscura noche, se hubiese desprendido del firmamento llevando el fuego de sus corazones:
Y cuando, aquella sugerente voz se extinguió con una suave brisa: Abderramán y Azahara se unieron en un apasionado beso, largo, muy largo, tan largo, como los días que han transcurrido desde aquella fecha al día de hoy.
Y Córdoba sigue viviendo y resistiendo al paso de los tiempos, pasan los días, los meses, los años, las décadas, los centenarios y los milenios, y esta ciudad sigue aferrada a la historia y las piedras de Medina Azahara perduran en los tiempos y aún siguen erguidas y altaneras, aún siguen desafiantes y resistentes, y los hombres de ahora, aún no entienden como pueden mantenerse de pie, cuando ya por ellas han pasado tantos siglos, y estos hombres se irán y vendrán otros, y recorrerán su recinto otros enamorados, también se irán, pero volverán otros, y la gran medina al- Sara, seguirá esbelta, desafiante, y sus piedras se irán marchitando como las flores por el paso del tiempo.
Pero siempre quedará vivo el recuerdo de los enamorados que por ella pasaron, porque el amor inmaculado es lo único que queda y quedará siempre, porque el amor es la riqueza más preciada que Dios quiso enviarnos para que perdurara para toda la eternidad y, hasta el día de la resurrección…
Y hoy que estoy despertando de ese sueño maravilloso, en el que he estado sumergido durante muchas horas, y del que estoy volviendo a la realidad, sigo pensando y sigo viendo, cuando cierro los ojos, a aquellos dos seres, él el más grande y poderoso de los mortales y ella la más bella y dulce doncella que pudo dar el reino de Granada.
Aún resuenan en mis oídos, cuando paso por las callejas de la judería, las mismas voces, los mismos susurros, los mismos cantos, las mismas poesías, que ella escuchaba y que yo en mi subconsciente me parecía oír.
Y sigo caminando por las sinuosas y estrechas calles del viejo Zoco, y aún me parece ver a la vuelta de una esquina de una de ellas, la silueta, esbelta, varonil, bella y poderosa del Gran Sultán Omeya, Abderramán III, paseando con su brioso corcel blanco y a su grupa una bella joven con sus cabellos negros al viento y una sonrisa en su cara… Y desde ya, les aseguro que este libro se volverá editar… para deleite mío y de aquel que desee leerlo.

¡Muchísimas gracias!



El Jardín Soñado

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El hecho poético es de los más nobles y sublimes que puede llevar a cabo el ser humano. Por eso ha arraigado tanto la idea de que los poetas mueven el mundo. Pero no tanto por ser poetas cuanto por las condiciones humanas que en todo caso sustentan al poeta.

Y eso es lo que ocurre con el autor de este libro, El Jardín Soñado, título que en cierto modo nos trae el recuerdo del poeta Soto de Rojas. Porque Antonio Ortega Serrano reúne todas las condiciones humanas para hacer poesía y, en general, para expresarse literariamente. Portada del libro

Vio la luz primera en el cordobés y bello pueblo serrano de Hornachuelos, de reminiscencias minerales, árabes y cristianas, en 1933, tres años antes de que estallara la gran contienda entre españoles, tan sangrienta como absurda, que en él se dejó sentir de una manera especial por las circunstancias familiares.

Sus padres, de clase media trabajadora, regentaban un pequeño negocio de bebidas.

Tras el inicio de la guerra, comenzó la familia un triste peregrinar que les llevó sucesivamente a los pueblos manchegos de Valdepeñas, Carrizosa, e Infantes, para terminar en Madrid, antes de volver a Hornachuelos al final de la guerra.

De ésta sólo habían sacado el grado de comandante de su padre -del ejército republicano-, y un sin vivir en Madrid de los bombarderos -junto a las Cibeles- y un arresto de año y medio en un batallón de trabajadores.

Antonio Ortega entró en el colegio público de Hornachuelos, donde el maestro D. Zacarías lo inició en el arte del verso con la lectura de los clásicos, tarea que continuó el P. José Mª Huelin Vallejo. Con éste y otros Jesuitas recorrió algunos países de Sudamérica y a la vuelta recibió una carta nada menos que del Padre Arrupe, Prepósito General de la Compañía de Jesús, proponiéndole profesar en la comunidad, lo que rechazó por no considerarse vocacionado a la vida religiosa.

Decidió ingresar en el Ejército del Aire y fue destinado al Campo del Rompedizo, en Málaga, donde gracias a la influencia de un amigo comenzó formalmente a cultivar la poesía, componiendo poemas como “Los sueños”, “La tarde fría”, “La amistad”, “Buscando a ella”, “Recuerdos”, “Soledad de la Ribera” y otros destinados a integrar un libro que nunca vio la luz por avatares del destino y en concreto por las “gestiones” de un presunto amigo de esos que gustan sacar tajada, ya sea económica, ya sea literaria, de lo que escriben los demás.

Pero sigamos con el autor del presente libro. Antonio Ortega, ansioso de la seguridad de su futuro, cursó Maestría Industrial, inició el Peritaje del ramo y realizó un curso de Técnico Comercial, adentrándose en el mundo de la empresa y el trabajo.

Contrajo matrimonio y hoy disfruta de cuatro hijos y cuatro nietos, sobre todo tras su prejubilación laboral, lo que le ha permitido, esta última circunstancia, dedicarse más intensamente a la producción poética.

Ha vuelto a leer con más asiduidad a nuestros clásicos y escrito-res andaluces y andalucistas como Salvador Rueda, Rafael de León, Los Alvarez Quintero, Benitez Carrasco, José Carlos Luna, Antonio Gala, Mario López y otros más que influyen ostensiblemente en sus versos. En este momento de su vida he conocido a Ortega Serrano, al incorporarse al colectivo de escritores

“Wallada”, fundado hace una docena de años y al que desde entonces vengo asesorando gratamente, por especial petición del gran maestro, ya fallecido, Rafael Castejón y Martínez de Ariza-la. Ortega Serrano casi ha iniciado su andadura en “Wallada” participando, como fuerte puntal, en el inmerecido homenaje que recientemente me ha tributado el colectivo, con ocasión de nombrarme Miembro de Honor del mismo, en el Círculo de la Amistad y Liceo Artístico y Literario. Y como nobleza obliga, al solicitarme un prólogo para El jardín Soñado no he podido menos que corresponderle con satisfacción, escribiéndolo con el mayor gusto, para el primer libro que publica este “vendaval de furia de león y garras de terciopelo” como lo ha llamado el rapsoda Joaquín Revuelto.

El Jardín Soñado es un ramillete florido de vivencias, de encuentros, de lugares, de personajes poéticos y familiares, que se ensartan en los sueños del autor a modo de desideratum que mediante un proceso volitivo se transforma en realidad, en realidad florida y tangible.

Excmo. Sr. Joaquín Criado Costa. Director de la Real Academia de Córdoba


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