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Luz de Dios

Soneto

Tu que a luz divina fuiste asido,
esa luz que tu fe te fue guiando;
y Dios que la estaba iluminando,
abrazaste a su llama aún dormido.

No sentiste ni bisturí, ni cosido,
y ya de la anestesia despertado,
a tu cuerpo lo viste transportado
era la luz de Dios y tu destino.

Y el faro del Señor te dio cobijo
y la mística doctora con anhelo
desde los altares de la Gloria,

te dijo ve y vuelve a tu camino
que aún no te toca ir al cielo
y nuevo sol iluminó tu alcoba

                                                       Antonio Ortega Serrano
                                                       Al P. Segundo Gutiérrez


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La ninfa de la poesíaNoticias
 
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